Entre goles y vítores, privatizan el agua

Mientras todos gritabamos ¡Gol! en la glorieta de Villa, Enrique Peña Nieto da 300 cuencas de 756 del país, en 20 estados, a disposición de trasnacionales e intereses privados; lo que equivale al 55% de las aguas superficiales mexicanas.
Una iniciativa que viola por completo el derecho humano al vital líquido, pues esta medida complace las demandas de las empresas mineras, hidrocarburos, etc.

Pero, ¡Ganamos contra Alemania!

Carlos Ballarta: entre la misoginia y xenofobia

Con un formato escueto y una aparente apatía social, Carlos Ballarta ha sido el standupero que ha despegado en las redes los últimos meses, y no precisamente gracias a la sensatez o frescura de sus rutinas, desgraciadamente ha brillado por un discriminatorio y soez contenido, que aleja su participación de los Stand-ups de calidad que uno esperaría ver en una producción de Netflix. Aquí entramos en un pequeño debate, ¿qué busca realmente el estilo de comedia del Stand-up? Recordemos que este formato se originó en el siglo XIX como una variante del vaudeville inglés, que se basa principalmente en una cadena de peripecias, donde el actor o cómico es el protagonista.
Lo que nos lleva a la siguiente definición: la alta comedia o a la comedia en general. Un género teatral que busca resaltar los vicios humanos y las ironías, generalmente los narratemas son: la política, problemáticas sociales y las propias desgracias. ¿En qué momento pasa de ser una rutina agradable para sostenerse como un discurso de odio inmerso en la discriminación de los más vulnerables? Por dios, eso de burlarse de las mujeres, los discapacitados y ancianos; además de bajo y poco creativo, es tan obsoleto como los chistes de Pepito.
Ballarta acude al misógino discurso de convertir en objetos sexuales a las mujeres o incluso tocar con poca empatía el tema de los feminicidios que aquejan la frontera:
“Damas y caballeros fui a dar show a Cd. Juárez. Antes de iniciar el show llevé a cabo, pues una pequeña dinámica con la gente ¿no?, pedí antes de iniciar el show pedí un grito de los hombres, después pedí un grito de las mujeres. Esto fue debido al alto índice de feminicidios que hay en Cd. Juárez. Conforme avanzaba el show seguía pidiendo gritos a ver, pues para cerciorarme para ver si ninguna mujer había muerto ahí durante el show. Y pues yo se que la violencia, en esta parte del país no sabemos nada de violencia, Estado de México número uno en feminicidios”.
No sólo es preocupante que intente “jugar” con un tema tan delicado, que le duele a Cd. Juárez por casi más de tres décadas, además minimizar un hecho social con otro, que para variar no invalida al otro. Estamos hablando de una problemática mexicana sin resolver, los feminicidios. Pareciera que un lugar común de estos recién emergidos “comediantes” es atacar a las poblaciones y sucesos trágicos como único recurso para mantener vigentes sus carreras. Desafortunadamente consiguen más detractores que seguidores. Un ejemplo muy reciente es el caso de Sofía Niño de Rivera, que, al no vender el total de su taquilla en el Teatro de los Héroes en Chihuahua, comenzó un ataque a través de sus rutinas hacia la comunidad chihuahuense tachándolos de “rancheros” y “retrasados mentales”. O el polémico caso de Platanito, con el desatinado y nada prudente chiste sobre el incidente en la guardería ABC en Sonora, cambiando el slogan de la cadena de pollo Kentucky por “Kentucky fried children”. A pesar de argumentar estar en el terreno de la comedia negra, no justifica los medios pues hasta esta tiene sus límites, sobre todo si los saldos caídos son problemáticas fuertes y delicadas para la sociedad. Otro punto que aleja el trabajo de Ballarta de una comedia es la calidad, que se define por la habilidad de crear un entorno crítico y reflexivo hacia los errores humanos sin sacrificar la integridad de nadie; pues el uso constante de ataques contra personas discapacitadas, mujeres y adultos de la tercera edad, deja ver la poca creatividad del standupero para generar una rutina espontánea y dinámica. A eso podríamos denominar acoso y no comedia.
Este factor imprudente que observamos en los standuperos, puede deberse a la afluencia de las redes. Es fácil acceder a todo tipo de información, pero filtrarla y valorarla es trabajo de cada usuario. La comedia Kitsch que se ha desarrollado, producto de un consumismo en donde el espectador siempre está ávido de la innovación, la inmediatez y simplicidad; no es de extrañarse que en esta voraz competencia por ser el Trending topic, se usen artimañas decadentes para mantenerse al día. Después de todo ¿quién estaría dispuesto a pagar un boleto para sentarse los próximos 50 minutos en espera de que le insulten u ofendan? Y no, no estamos hablando de inhibir la libertad de expresión, en este acontecer donde cualquiera con un celular es capaz de emitir un juicio ofensivo con el argumento de “soy libre de expresarme”, es vital trabajar una campaña de empatía hacia los otros, sobre todo en un mundo donde impera la intolerancia hacia las comunidades marginadas, los altos índices de suicidios, etc. No confundamos el arte con la ocurrencia de un sujeto de pararse en un escenario con un micrófono, que no es capaz de convocar de manera inteligente la crítica y la reflexión de la audiencia sin sacrificar la comedia. No confundamos los discursos xenófobos, racistas y misóginos con un momento de esparcimiento y goce. Exijamos y busquemos siempre calidad en lo que consumimos, porque por muy difícil que parezca, nuestros gustos expresan mucho lo que somos en realidad.