¿Por qué deberías conocer a Pussy Riot?

Durante la final de la Copa del Mundo, partido que disputaban las selecciones de Francia y Croacia en el estadio Luzhnikí, sucedió algo extraordinario: un grupo de personas, vestidas de policías a la antigua usanza rusa, irrumpieron al minuto 53 en la cancha de juego. Unos minutos después, se dio a conocer la identidad de los responsables. Se trataba de Pussy Riot, un colectivo ruso que protesta por mejores condiciones políticas en el país.

 

¿Quiénes son Pussy Riot?

Más que una banda que ha roto la asistencia en escenarios internacionales, Pussy Riot es un colectivo ruso de punk feminista. Aunque son más de diez integrantes en el escenario, y más de quince elementos que se encargan de la producción, el rodaje y aspectos técnicos, las Pussy Riot se han dado a conocer por sus protestas en contra de la represión en su país y responden ante los nombres de Nadezhda Tolokónnikova (Nadia), Yekaterina Samutsévich (Katia) y María Aliójina (María). Entre sus influencias destacan Beastie Boys, Iron Maiden, Slipknot, Sex Pistols, y un puñado más de bandas del punk y el metal, y buscan hacer letras “imprudentes, con una marcada carga política, un discurso feminista y una exposición del cuerpo femenino de manera no convencional”.

 

Desde Rusia, con amor

En 2011, se anunció a la prensa internacional que Vladimir Putin se postularía como presidente para reelegirse por tercera ocasión. Las condiciones políticas de Rusia son muy distintas a las de otros países. En la antigua Unión Soviética, cualquier indicio de inconformidad puede ser interpretado como disidencia política. A nivel internacional, Rusia apoya con fuerzas militares y armas a Siria, un país que ha cometido crímenes de guerra y contra la humanidad.  Putin, un ex agente de la KGB (el antiguo Comité para la Seguridad del Estado, cuando aún existía la Unión Soviética), se ha declarado un nostálgico de la antigua URSS, y ha promulgado leyes contra la homosexualidad. La organización Human Rights Watch considera que Rusia vive la peor crisis de los Derechos Humanos desde la era soviética: existen un sinnúmero de abusos laborales y de poder, una gran cantidad de restricciones a las garantías individuales y una represión permanente contra los que defienden los derechos humanos. Justo en este contexto es donde Pussy Riot entra a la escena.

 

Una oración punk

En febrero de 2012, cinco de las integrantes de Pussy Riot irrumpieron en la Catedral de Cristo Salvador en Moscú para entonar una “oración punk” como protesta para echar a Putin del gobierno. El resultado tomó proporciones gigantescas: Nadia, Katia y María fueron detenidas y encarceladas por la policía rusa. El juicio tomó proporciones internacionales, pues las tres chicas fueron condenadas a dos años de prisión por vandalismo. Según el juez, “(…) el proceder de Tolokonnikova, Aliojina y Samutsevich contraviene las bases constitucionales del Estado, y el contenido de la canción, que interpretaron las integrantes del grupo punk Pussy Riot, es una blasfemia desde el punto de vista de la Iglesia ortodoxa”. A la campaña por su liberación, se sumaron celebridades como Paul McCartney, Madonna, Björk y Red Hot Chilli Peppers. Aunque existe una gran cantidad de rusos ortodoxos que reprueban su actuación en la Catedral, ellos mismos consideran que el castigo a las activistas fue desmedido, y su caso ha llamado la atención del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que sentenció al gobierno ruso a indemnizarlas con 58,000 dólares por tratos inhumanos tras su detención.

 

Putin nos enseña a amar a nuestra patria

Durante los juegos olímpicos de invierno de 2014 en Sochi, algunas integrantes de Pussy Riot fueron golpeadas por agentes de la policía rusa, mientras trataban de realizar un show -protesta por los juegos olímpicos mientras interpretaban la canción “Putin nos enseña a amar a nuestra patria”. Una de las integrantes aseguró que los cosacos las habían golpeado con látigos y las habían rociado con una gran cantidad de gas pimienta. La protesta se centró en que el colectivo consideraba que los juegos de invierno no era más que un evento político orquestado por Putin, a un costo de casi 20 mil millones de dólares.

 

“Nadie nos detuvo”

Después de su polémica irrupción a la final del Mundial en Moscú, Pyotr Verzilov, mánager de la banda y uno de los integrantes que saltó a la cancha explicó que había sido extremadamente fácil comprar los boletos, vestirse de policías y entrar al estadio burlando las medidas de seguridad. El partido se detuvo por unos minutos antes de que las autoridades capturaran a los cuatro integrantes que se habían escabullido hasta la cancha y hasta habían interactuado con los jugadores. Unos minutos después del suceso, Pussy Riot colgó un comunicado en sus redes sociales, donde se atribuyó la autoría de los hechos: se trataba de una protesta para liberar a los presos políticos de Rusia, frenar las detenciones arbitrarias de aquellos que participan en mítines políticos, terminar con acusaciones criminales infundadas y detener la persecución de personas que son afines a ciertos contenidos en redes sociales.

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