El último medio siglo de la banca en México

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La primera institución en la capital del país tiene su origen hasta 1881, con el Banco Nacional Mexicano, fundado con capital del Banco Franco Egipcio, cuya sede se encontraba en París. 

En cuanto a la estructuración de un sistema bancario, el proceso se remonta a 1890, aunque fue una tentativa fallida. Pocos años después, en 1896 quien fuera el primer ministro de Hacienda de Porfirio Díaz, José Ives Limantur inició los trabajos para expedir la primera Ley Bancaria, con el objetivo de unificar los términos operativos y funcionales en los bancos existentes durante esa época y los que se establecerían en el futuro.

El Archivo Histórico de Banamex resguarda, organiza y difunde un notable acervo documental que constituye una valiosa fuente de información.

Hasta poco antes de que estallara la Revolución en 1910, la estructura bancaria de México se encontraba integrada de la siguiente manera: había 24 bancos de emisión entre los cuales se contaban el Banco Nacional de México y el Banco de Londres que eran los únicos cuyos billetes podían circular en todo el territorio nacional. Los billetes del resto de los bancos de emisión solo podían circular en la entidad federativa a la que estuvieran cada uno de ellos adscrito. Por último, al anterior grupo se sumaban dos bancos hipotecarios y cinco refaccionarios”.

De 1932 a 1940 el total de las instituciones de crédito privadas se elevó de 51 a 87, donde un 70% eran bancos de depósito y descuento. Pero de 1941 a 1945 el número de bancos de depósito pasó de 67 a 97 y el total de instituciones de crédito de 101 a 311.

Desde finales de la década de 1950, la tendencia del sistema financiero mexicano se perfiló hacia el prototipo de banca universal.

Su evolución  ha sido una permanente y dinámica transición, caracterizada  por ciclos  de expansión, fusiones, estatizaciones, privatizaciones, crisis y modernización.

Primer Cajero Automático en México y Latinoamérica (1976).

Las grandes transformaciones de la banca moderna en México tuvieron su consolidación en la década de los 70s por dos grandes reformas fundamentales:

  • El reconocimiento oficial de la existencia y creación de los grupos financieros.
  • La adopción en el país de la banca múltiple o banca universal, entendiéndose por ésta, la provisión de la totalidad de los servicios financieros por una misma entidad o consorcio.

Durante la primera mitad de la década se avanzó muy rápido en el reconocimiento de las agrupaciones y hacia diciembre de 1974, se había registrado la existencia oficial de 15 grupos financieros. Entre ellos sobresalieron los encabezados por: Banco Nacional de México, Banco de Londres, Banco Comercial Mexicano, Banco del País, Banco de Industria y Comercio y Banco Internacional.

Los grupos financieros fueron el antecedente histórico de la banca múltiple y precisamente, la adopción de la banca universal llevó varias etapas. La primera de ellas implicó una reforma legal cuando en diciembre de 1974 se anunció una ley que creaba esta figura institucional; posteriormente, en diciembre de 1978 se presentaron varias reformas a la Ley Bancaria, lo que permitió el marco legal para la conformación de la banca múltiple.

Banca Serfín, ahora Santander.

En la práctica, entre diciembre 1976 y hasta abril de 1980 se finalizó la creación de los bancos múltiples. Las primeras cinco instituciones de este tipo fueron: Multibanco Mercantil de México, Banpacífico, Banca Promex, Banco de Crédito y Servicios, y Unibanco.

De las grandes instituciones que existían hasta ese momento y que se constituyeron en banca universal está Comermex, en enero de 1977; Banamex, en marzo; en julio le siguió Internacional; en julio Atlántico; Serfin lo hizo en octubre y Bancomer en noviembre. Todas en el mismo año.

En total se formaron 34 bancos múltiples en ese periodo, los últimos cinco fueron: Banco Obrero en septiembre de 1979, Banco Mexicano Somex, Banco del Centro y Banco Monterrey en enero de 1980; mientras que Banco Aboumrad lo hizo en abril de ese mismo año.

Fachada del edifico que albergó las oficinas del Banco Mexicano Somex hasta 1992. En la actualidad están las oficinas de Procuraduría General.

En la década de los 80s, en medio de una severa crisis económica que acarreó una fuerte devaluación, el presidente José López Portillo decretó la expropiación de la banca privada (no incluyó la banca extranjera, las oficinas de representación de bancos externos, la banca mixta ni las instituciones nacionales de crédito) y el control generalizado de cambios durante su último informe de gobierno, en 1982.

Aunque fue el gobierno del presidente López Portillo quien expropió los bancos, fue el régimen sucesor del presidente Miguel de la Madrid Hurtado, quien  se encargó de la indemnización a los banqueros expropiados, así como de ejecutar una situación inédita en México: la banca en manos del sector público.

La indemnización de los ex accionistas se llevó a cabo entre el 22 de agosto de 1983 y el 23 de agosto de 1985 en ocho tramos. Entre los tres bancos más grandes; Banamex, Bancomer y Serfin absorbieron cerca de 75% del total.

Para 1983 se reestructuró el sistema bancario. De las 32 sociedades de crédito que había, quedaron 12 y se revocaron 11 concesiones. Tras los cambios, el sistema bancario comercial se redujo de 60 a 29 entidades.

A estos cambios le siguió un cuidadoso proceso de fusiones como parte de una nueva reestructuración, por lo que para 1985 quedaron 20 instituciones, comprendidas de la siguiente forma: seis de cobertura nacional, ocho multiregionales y seis regionales. Finalmente, en abril de 1986 y mayo de 1988 se autorizaron dos nuevas fusiones para quedar finalmente 18 instituciones, con las cuales a la postre se realizó el proceso privatizador.

El presidente De la Madrid, que no fue consultado para la estatización, tomó la decisión de que se formara una banca mixta con la participación de un 30% de las acciones de capital privado, con el objetivo de volverla más competitiva. Inclusive, buena parte del inicio de su sexenio se trabajó para restituir la confianza que se perdió con la iniciativa privada tras la expropiación de la banca. Entre otras cosas, ésto provocó el desarrollo de la denominada banca paralela, como se les llamó a las casas de bolsa.

Servicio bancomático en cajero automático.

A pesar de toda la reestructura del sistema en la década de los 80s y la crisis económica observada, los números de la banca no fueron desfavorables y se presentó un crecimiento real en la captación, el ahorro financiero y la cartera de crédito.

Con la llegada a la presidencia de Carlos Salinas de Gortari a finales de 1988, casi de inmediato se toma la decisión de iniciar la privatización en 1989, como parte del proceso de reducción del tamaño del sector paraestatal.

En la década de los 90s, para llevar a cabo el proceso de privatización bancaria, se tuvieron que modificar los artículos 28 y 123 de la Constitución como parte de varias reformas jurídicas; además, en 1990 se crea el Comité de Desincorporación Bancaria, responsable de diseñar y ejecutar la privatización de la banca en coordinación con una comisión intersecretarial, que fue la que operó como órgano principal en la toma de decisiones.

También fue necesaria una nueva Ley Bancaria, igualmente desde 1990 se creó el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) como un fondo de contingencia para enfrentar problemas financieros extraordinarios tras el anuncio de desincorporación.

Los lineamientos del proceso de desincorporación fueron los siguientes: “obtener el mayor ingreso posible por la venta de los bancos, coadyuvar a mejorar el funcionamiento, el sistema financiero del país y preservar la propiedad de las acciones de los bancos en manos de inversionistas privados”.

Las casas de bolsa, que se consolidaron en los años 80s, fueron los principales compradores de instituciones bancarias, cuyo proceso se concreta entre junio de 1991y julio de 1992.

El primero de los seis paquetes bancarios a la venta incluyó a Multibanco Mercantil, Banpaís y Cremi. Las 18 instituciones que se privatizaron se asignaron de la siguiente manera: Mercantil, Banpaís y Cremi durante junio de 1991; Confía, Oriente, Bancreser y Banamex en agosto de 1991; Bancomer, octubre de 1991; BCH, noviembre de 1991; Serfin, enero de 1992; Comermex, febrero 1992; Banco Mercantil Somex y Atlántico en marzo de 1992; Banca Promex y Banoro en abril de 1992; Banorte y Banco Internacional durante junio de 1992, y Bancen, julio de 1992.

Antiguo Centro Corporativo Serfin.

A la par de darse por concluida la venta de las instituciones bancarias por parte del Estado, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) abrió la oportunidad para que establecieran nuevos bancos en el país. También, una vez terminado el proceso de privatización, de la mano con los niveles de inflación y tasas de interés bajas, luego de las llamadas crisis recurrentes, se presentó una gran avalancha de crédito al sector privado, sobre todo, de crédito al consumo y donde destacó el crédito hipotecario. Una de las características de dicho crédito fue que se otorgaba con tasas variables.

Sin embargo, lo que fue bautizado como la época de la gran “borrachera” del crédito en México, debido a la gran competencia que se observó, trajo desajustes importantes en el sector financiero, cuando el país entró en crisis por causa del denominado “error de diciembre”, cuando a menos de un mes de haber iniciado la administración del presidente Ernesto Zedillo, en diciembre de 1994, se volvió a presentar una nueva crisis devaluatoria.

En febrero del 95 se ampliaron los límites de la participación de la banca extranjera en el país, mismos que se habían acordado en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Este cambio derivó en una importante inyección de capital foráneo en tres instituciones: Bancomer, Serfin y Bancrecer. Meses más adelante, BBV suscribió una carta de intención para adquirir la totalidad de las acciones de Banco Mercantil Probursa.

Como parte del proceso de crisis bancaria, durante el periodo 1994-2001 la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) con la facultad que le otorga la Ley de Instituciones de Crédito y la Ley de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, ordenó la intervención gerencial de 15 instituciones de crédito.

Es precisamente a partir del año 2000, cuando la banca entra en una etapa de apertura y consolidación, misma que aún  perdura. La entrada de la banca foránea a México sin restricciones reglamentarias se concretó en agosto del 2000 cuando el español BBV (ahora BBVA) adquirió en definitiva a Bancomer y nace el grupo financiero BBVA Bancomer de la fusión entre del Grupo Financiero BBV-Probursa y el Grupo Financiero Bancomer.

Torre Bancomer.

Para 2001 Citibank tomó el control de Banamex, en agosto, como resultado de la venta de Grupo Financiero Banamex-Accival a Grupo Financiero Citigroup. Un año después, el británico Standard Chartered (SBC) adquiere Grupo Financiero Bital, que se convierte en Grupo Financiero HSBC. Para entonces Serfin ya había sido comprado por Santander y lo mismo había ocurrió con Inverlat por parte de Bank of Nova Scotia (Scotiabank).

Torre HSBC.

La apertura total de la industria bancaria incrementó aún más la inversión extranjera en el sistema financiero de México y cambió la naturaleza de su participación. Como consecuencia al cierre del 2003, la participación de la banca extranjera en el capital de la banca mexicana llegó a 82.3% con capitales españoles en manos de BBV-Bancomer y Santander (Santander-Serfin); estadounidense, principalmente de Citibank-Banamex; Reino Unido en HSBC-Bital y Canadá con Scotiabank-Inverlat.

Torre Scotiabank.

Entre 2001 y 2014 el crecimiento del crédito bancario en nuestro país ha sido 3.7 veces superior al registrado por el PIB en el mismo lapso y se ha conseguido con bajos niveles de morosidad.

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