Opinión: “¿Por qué sacrificaron a Arturo Herrera?”: Caleb Ordoñez

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Inmediatamente después de que fuera oficial el sacrificio de Herrera, López Obrador reunió a un grupo de empresarios de primer nivel en Palacio Nacional; ¿fue un guiño para ellos?

El pragmatismo en política es un arte. En pocas palabras, se refiere a una corriente filosófica que busca dejar de adherirse –en algún momento– a ideologías y categorías vacías que puedan entorpecer la consecución de objetivos concretos.

La actuación del presidente López Obrador en la cumbre internacional entre Canadá, Estados Unidos y México dejó un buen sabor de boca a los mandatarios de los mencionados países.

Si. Era Andrés Manuel hablando de manera fluida y con un discurso innovador, desafiante pero conciliador. Muy lejos quedaron esas participaciones lentas y polarizadoras que ha tenido en sus ruedas de prensa mañaneras.

La oposición poco pudo criticarle, quizá su vestimenta –un traje un poco más grande que su talla– u otras situaciones triviales. El presidente mexicano sabe como “transformarse” en momentos donde debe mostrar su mejor talante.

AMLO tiene esa manera camaleónica profesional de hablarle a todos los que tiene presentes, lo que quieren escuchar. ¿Un don o experiencia adquirida? Solo él y sus más cercanos podrían responder esa interrogante.

Lo que podemos percibir es una astucia única cuando se trata de temas internacionales, dejando atrás polémicas y diatribas, para pasar a consensos y debates asertivos. Vaya, incluso su mayor opositor y adversario político, Ricardo Anaya, tuvo que aceptar –a regañadientes– el buen desempeño del presidente.

A esta forma de hacer política es quienes los estudiosos de la filosofía política llaman un “pragmático”. Dejando ideas que mantiene personalmente, el tabasqueño sabe llegar a acuerdos cuando le es necesario: con los católicos es devoto de la virgen morena. Con los evangélicos, entregado a Cristo y admirador de Lutero. Con los comunistas, un fan del Che Guevara y la revolución cubana. Con los maestros, “el mayor defensor y respetuoso de sus derechos”. Cuando habla en las comunidades más pobres, enarbola la bandera de “primero los pobres”. Con los gobernadores, es el presidente de oposición que los llama a puestos importantes.

En fin, AMLO puede tener decenas de discursos para cada grupo social. Sin embargo, a quienes ha enfrentado con arrojo desde muchos años antes de llegar a la silla presidencial es a los empresarios. Específicamente, a las cámaras y organismos a quienes ha denostado y denigrado a lo sumo.

Pero el –diferente– Andrés Manuel que bajó del avión desde los Estados Unidos ya tenía una sorpresa a ese gremio “fifí” que más detesta al presidente. Un guiño político que tenía guardado para sus opositores. Pero en esta ocasión no para perseguirlos u ofenderlos. Todo lo contrario.

Para problemas grandes: decisiones fuertes

La noticia “bomba” que tronó por la tarde de este 23 de noviembre fue la confirmación de un rumor que se escuchaba en los pasillos de la Cámara de Diputados y el Senado de la República: el presidente le entregaba un triunfo a la oposición, retirando el nombramiento del exsecretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, como próximo gobernador del Banco de México. Dejando en el limbo el nombre de quien será ungido por parte del Ejecutivo.

Inmediatamente después de que fuera oficial el sacrificio de Herrera. López Obrador reunió a un grupo de empresarios de primer nivel en Palacio Nacional. Ahí estuvieron Germán Larrea, presidente del Consejo de Administración de Grupo México; Bernando Gómez, vicepresidente de Grupo Televisa; Olegario Vázquez Aldir, director de Grupo Ángeles; Carlos Hank González, presidente de Grupo Banorte, y Ricardo Salinas Pliego, presidente de Grupo Salinas.

La idea es un pacto de facto entre gobierno y la iniciativa privada, con la finalidad de buscar frenar uno de los golpes más duros que enfrenta la 4T: un monstruo llamado inflación.

Esa bestia de mil cabezas crecerá por encima del 7% durante noviembre y diciembre, más del doble del rango objetivo del banco central, que era de un 3 y máximo 4 por ciento.

Las medidas que llegan desde Washington para ayudar a la débil economía mexicana es de dar un golpe de timón y restaurar las relaciones entre los entes adversarios, a fin de tomar decisiones correctas que vayan más allá de ideologías políticas o partidistas. Enfocándose en no permitir la contaminación en la formación de precios, subir las tasas de crédito y otras situaciones que tienen al país en jaque.

Ante este escenario, el presidente da un paso pragmático, acordando con los expertos –aunque estos no le apoyen– los designios del Banco de México y quizá el desistimiento de la reforma eléctrica, a fin de lograr una etapa de calma que sea bien vista en el extranjero.

¿Será el inicio de un nuevo “Pacto por México”?

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